Introducción
“La nueva Ariadna del siglo XXI es hija del feminismo y de la ecología. Ya no se limita a esperar que actúe el héroe, colaborando discretamente en un segundo plano. Es también una protagonista del cambio. Ya no admira al que mata al «Otro», sino que libera al monstruo, reconociendo su parentesco con lo humano. Entra en el laberinto del mundo junto con Teseo para transformar la cultura en los tiempos del cambio climático”[1]Puleo, Alicia. Ecofeminismo para otro mundo posible. Cátedra. 2011..
La mujer ya no se queda a la espera de ser rescatada, es ella quien toma las riendas de su vida y comienza nuevamente a observar su entorno, a percatarse quien es y lo que puede lograr.
Sin embargo, su papel en este ámbito –el medio ambiente–, no le es extraño, desde tiempos ancestrales, las mujeres han tenido una relación especial con la naturaleza. Ellas contribuyen enormemente al bienestar y el desarrollo sostenible de sus comunidades, así como el mantenimiento de los ecosistemas, la diversidad biológica y los recursos naturales.
Las mujeres en los países en desarrollo son generalmente las primeras en responder al manejo de la riqueza medioambiental que las rodea, utilizan e interactúan todo el tiempo con los recursos naturales. Por ende, asumen un papel clave y silencioso en el desarrollo de las sociedades. A pesar de ello la sociedad patriarcal se ha encargado de invisibilizar sus aportes y su papel en la historia, relegándola a tareas domésticas y colocándola en un lugar de inferioridad.
En este sentido, es imposible relacionar género y medio ambiente sin mencionar el ecofeminismo[2]Acuñó el término en 1974, la escritora francesa Françoise d’Eaubonne. y los avances que han sido reconocidos hacia la mujer.
Su participación e intervención ha comenzado a ser vista en distintos ámbitos, desde lo jurídico, laboral, y social. Pero a la par, también sigue generándose la desigualdad de género y la exclusión social, la cual sigue aumentando los efectos negativos de la gestión ambiental y destructiva sobre las mujeres y las niñas. Lo cual demanda una lucha constante frente a la adversidades, e implica recorrer un largo camino.
Liderazgo femenino
Pese a los obstáculos, las mujeres están realizando grandes progresos y los Gobiernos recurren cada vez más a su experiencia y liderazgo cuando deben adoptar decisiones importantes relativas al medio ambiente.
Entre algunas de las mujeres a destacar encontramos a Christina García, originaria de Toledo, en Belice, quien descubrió su pasión por la conservación ambiental desde temprana edad. Para luego dedicarse a biología marina y convertirse en directora ejecutiva de Ya’axché Conservation Trust, organización encargada de la conservación de áreas protegidas, en las que habitan comunidades indígenas que viven de la tierra, y que aprendieron a administrar los recursos de manera sostenible ( prácticas agrícolas inteligentes).
Otra exponente, es Marciana Panameño, miembro de la Asociación de mujeres Piangüeras del Río Naya, Colombia, que se creó en 2007 para hacer frente a la degradación rampante de los manglares. Ya que observaron una reducción hasta de un 50% de la cantidad de moluscos, después de que pescadores del área decidieran comenzar a recolectarlo. Por lo cual, se diseñó una capacitación en gestión sostenible de los recursos naturales por parte de la autoridad ambiental regional. Su proyecto consiste en cuidar el manglar y las piangüas, estableciendo vedas, y sembrando mangle. Este grupo de mujeres son un ejemplo de organización y capacidad para elaborar una gestión de los recursos naturales a largo plazo.
Lina Pohl, ministra de Medio Ambiente y Recursos Naturales de El Salvador, entendió que no es una lucha sectorial, ni la conservación propia de los recursos, sino que, es una crisis a nivel global, los efectos del cambio climático afecta a todos, y por ende debe ser una iniciativa a nivel mundial. Se necesita entender la manera de restaurar los ecosistemas y crear nuevas formas de recursos sostenibles. La ministra puso como ejemplo la cantidad de mujeres que se han comenzado a ver, en los últimos años, dentro de diversas secretarías y convenciones. Así como en la misma presidencia de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas. Como producto del esfuerzo por ganar espacio y abrirse a nuevas oportunidades, además de mencionar su sensibilidad frente a los efectos adversos del medio ambiente.
En nuestro país, a través de Ley Nº 27.592, llamada “Ley Yolanda”, fue uno de los tantos puntos de partida; que permitió iniciar este largo trayecto que se continúa recorriendo. El nombre de la ley fue en homenaje a Yolanda Ortiz[3]Yolanda Ortíz (1926–2019) nació en la Provincia de Tucumán. Estudió Química en la Universidad de Buenos Aires y continuó su formación en Francia y Estados Unidos, especializándose en áreas … Leer +, quien se convirtió en la primera mujer en ejercer un cargo público en esa temática en América Latina y única mujer del gabinete en ese gobierno. Su principal y gran innovación fue incorporar la perspectiva ambiental en la industria.
La “Ley Yolanda” tiene por objeto la capacitación obligatoria en perspectiva de desarrollo sostenible en materia ambiental, para todas las personas que integran el Poder Ejecutivo, Poder Legislativo y Poder Judicial a nivel Nacional. Trata no sólo el cambio climático, sino también incluye puntos tales como el bosque nativo, el desarrollo sostenible, el derecho ambiental, la economía circular y reciclaje, entre otros.
La creación mental de riqueza acentúa la violencia al alejar a las mujeres de sus medios de vida y de los recursos naturales de los que depende su sustento: la tierra, los bosques, el agua, las semillas y la biodiversidad.
Dándose el inicio de nuevos paradigmas, para dejar atrás, o amalgamar los anteriores. El resultado de esta reflexión ecológica en clave feminista ha sido la aparición de un movimiento, teórico y práctico, que se ha denominado “ecofeminismo”. Si bien, es cierto que hay diversas variantes dentro de esta corriente, todas ellas coinciden en una premisa fundamental: existe una relación íntima entre la subordinación de las mujeres y la destrucción de la naturaleza.
Por ello, la crisis ecológica no sería resultado únicamente del sesgo antropocéntrico, el sesgo cultural que nos lleva a tener únicamente en consideración moral a los seres humanos frente al resto de seres vivos; sino que, este antropocentrismo denotaría, en realidad, un fuerte androcentrismo. Es decir, un modelo cultural en el que se imponen las visiones masculinas sobre las femeninas, siendo estas últimas, pues, consideradas inferiores.
La corriente ecofeminista
Shiva y Mies muestran el ecofeminismo como una potente corriente que trata de una filosofía y una práctica activista que defiende que el modelo económico y cultural occidental “se constituyó, se ha constituido y se mantiene por medio de la colonización de las mujeres, de los pueblos ‘extranjeros’ y de sus tierras, y de la naturaleza”. Dichas autoras, proponen con un urgencia el surgimiento de un nuevo paradigma, que ponga freno a esta situación.[4]Shiva, Vandana y Mies, María. Ecofeminismo. Teoría, crítica y perspectivas. Econautas. 2013.
La violencia contra las mujeres es tan vieja como el patriarcado, se ha estructurado partiendo de la dominación sobre las mujeres y de la negación de su condición humana plena y su derecho a la igualdad. Esta violencia ha adoptado formas nuevas y más despiadadas a medida que las estructuras patriarcales tradicionales se han ido hibridando con las estructuras del patriarcado capitalista. Al circunscribirse a los valores de la economía de mercado, el límite de producción pasa por alto el valor económico de la naturaleza y del sustento y excluye el trabajo de las mujeres.
La creación mental de riqueza acentúa la violencia al alejar a las mujeres de sus medios de vida y de los recursos naturales de los que depende su sustento: la tierra, los bosques, el agua, las semillas y la biodiversidad. Es por ello, que los sistemas económicos influyen en los valores culturales y sociales.
Una economía de la mercantilización crea una cultura de la mercantilización, en la que todo tiene un precio y nada tiene valor. La creciente cultura de la violación es una externalidad social de las reformas económicas.
La sociedad y la economía no están aisladas la una de la otra, como ya se mencionó; los procesos de las reformas sociales y las reformas económicas ya no se pueden separar.
El ecofeminismo se conforma como una confluencia entre estas dos corrientes: medio ambiente e igualdad de género, siendo tanto un marco teórico como un movimiento social. Es la forma de alcanzar la igualdad de género atendiendo además al cuidado del medio ambiente. ¿Esto en qué se traduce? ¿De qué temas concretos se ocupa el ecofeminismo? Para mencionar algunos ejemplos:
- El papel de las mujeres en todos los movimientos de defensa del medio ambiente.
- El sesgo de género en los impactos que tiene la degradación del medio ambiente, como por ejemplo el cambio climático.
- La ordenación de las ciudades para hacerlas tanto más amigables a las tareas de cuidados como sostenibles.
- El sesgo de género en la custodia del territorio y la propiedad de la tierra.
- El sesgo de género en puestos sociopolíticos de relevancia para la defensa del medio ambiente.
- Los contaminantes con mayor incidencia en la salud de las mujeres.
- El papel de los roles y valores tradicionalmente femeninos en el cuidado del medio ambiente.
- Estudio de confluencias entre la dominación de la naturaleza y la dominación de la mujer.
Para poner fin a la violencia contra las mujeres hace falta también dejar atrás la economía violenta implantada por el patriarcado capitalista y sustituirla por economías no violentas, sostenibles y pacíficas que respeten el planeta y a las mujeres.
Distintas ramas, un mismo tronco
De esta manera, y en búsqueda de un nuevo paradigma, surgen distintas corrientes del ecofeminismo, entre ellas podemos mencionar:
- El ecofeminismo clásico, que nace de corrientes del feminismo radical estadounidense hacia los años 70. Aseguraba que la cultura masculina, al estar obsesionada con el poder, envenena y destruye la tierra, el agua y el aire. En cambio, la mujer tiende al pacifismo y contribuye a la preservación de la naturaleza.
- El ecofeminismo espiritualista, surge hacia los años 80 en países del sur global y critican el modelo de desarrollo occidental. En algunos puntos están vinculados a las tendencias místicas del primer ecofeminismo e incorporan una dimensión espiritualista vinculada al carácter sagrado de la naturaleza y de la vida. Se relaciona esta visión a países empobrecidos desde donde se denuncia la destrucción de los recursos naturales y de las formas de vida tradicionales de muchos pueblos indígenas y campesinos. De esta manera identifican al patriarcado como fuente principal de la destrucción ecológica global.
- El ecofeminismo constructivista, sostiene que no hay una relación esencial entre las mujeres y la naturaleza, sino que históricamente las mujeres estuvieron más expuestas a la destrucción ambiental, en especial en los países más empobrecidos. Esto tiene que ver con los roles que se les asignaron en relación al cuidado y el abastecimiento de alimentos, leña y agua, lo que les permite ver de primera mano las agresiones ecológicas contra campos, bosques y ríos.
Describe un modelo de opresión que tiene en cuenta la clase, la raza, el género y la dominación de la naturaleza. Además, ve la necesidad de deconstruir el patriarcado capitalista en todas sus manifestaciones.
A partir de este movimiento constructivista, las identidades hombre–mujer ya no son vistas como esencias opuestas, sino como construcciones sociales e históricas. Esta posición tiene una ventaja y es que al afirmarla abre la puerta a la transformación, en contraposición al esencialismo, que sostiene que somos manifestaciones de naturaleza biológica. Los defensores de este tipo de feminismo eco constructivo ven una mayor interacción con la tierra y el medio ambiente como la fuente de esta particular conciencia ecológica de las mujeres. Creen que es la división sexual del trabajo y la distribución desigual del poder y la propiedad lo que subyuga a las mujeres y al entorno natural del que todos formamos parte. Por tanto, la dicotomía reduccionista en nuestra cultura occidental debe reformatearse, no en sentido contrario (revalorizando la anterior categoría dependiente para contrastarla con otra), sino complementaria, para construir una convivencia más respetuosa y libre. - El ecofeminismo crítico o ilustrado, comienza principalmente con la simple afirmación de que los humanos son naturales y culturales. El feminismo ecológico crítico busca un ser humano reconciliado con otras criaturas en un momento particularmente crítico de la historia en el que se ha superado la capacidad del ecosistema terrestre para sustentarnos.
A pesar de las diversas corrientes feministas ecologistas que existen, la mayoría de ellas coinciden en la posición de rechazo a la Modernidad, que es vista como el origen de la actual crisis ecológica. Es cierto que el nombre de “crítica” puede aplicarse a todo tipo de feminismo ecológico como crítica a la realidad social. Sin embargo, Alicia H. Puleo asocia este apellido “ilustrado” o “crítico” con su comprensión del ecofeminismo, en clara alusión a las promesas incumplidas de la Ilustración y a la necesidad de realizarlas superando sus límites y centrándonos en las personas. Más concretamente, es el consenso con las reivindicaciones feministas que se viene dando desde hace más de dos siglos y que ha allanado el camino para el grado de libertad e igualdad que tenemos hoy.
Nuevos horizontes
“(…) aquella que se ejerce en función de una construcción simbólica socio– histórica que asigna determinados roles y atributos socio–culturales a las personas a partir del sexo biológico y que convierte la diferencia sexual en desigualdad social, estableciendo una jerarquía en la cual todo lo masculino es valorado como superior respecto a aquellos atributos considerados femeninos. Esto implica que varones y mujeres no ocupan el mismo lugar, ni son valorados de la misma manera, ni tienen las mismas oportunidades, ni un trato igualitario en nuestra sociedad, relegando a las mujeres a una situación de subordinación”.[5]INADI. “Hacia un Plan Nacional contra la Discriminación”. Boletín Oficial de la República Argentina, 2008.
La violencia de género se refiere a cualquier forma de violencia dirigida contra las mujeres, que está motivada por una dinámica de poder desigual entre hombres y mujeres. Este tipo de violencia es una manifestación de prácticas sociales y culturales arraigadas en estereotipos, y refleja situaciones en las que las mujeres son discriminadas y subordinadas. La violencia contra las mujeres no sólo viola su derecho básico a la integridad personal, sino que también socava su autonomía y libertad personal. Además, vulnera su derecho a acceder a la atención sanitaria y les niega el pleno disfrute de sus derechos civiles, económicos y culturales.
… las mujeres y el medio ambiente están sustancialmente entrelazados y para resolver el cambio climático depende, en gran medida, de garantizar soluciones feministas en el aspecto social, económico y político.
La discriminación por motivos de género se refiere a la discriminación basada en construcciones simbólicas socio–históricas que asignan ciertos roles y atributos socioculturales a las personas en función del sexo biológico y que traducen las diferencias de género en desigualdades sociales, estableciendo así jerarquías. Esto significa que hombres y mujeres no ocupan los mismos puestos, no son valorados de la misma manera, no tienen las mismas oportunidades, ni son tratados por igual en nuestra sociedad, manteniendo a las mujeres en una posición subordinada. A lo largo de la historia, encontramos innumerables ejemplos, desde la quema de brujas, hasta la discriminación restricciones al acceso a la educación por el simple hecho de ser “mujer”.
Aunque la integración económica, en las últimas décadas, ha producido una gran riqueza, estos –“los ganadores”– son unos pocos privilegiados. El neoliberalismo está perpetuando el racismo, intolerancia y discriminación femenino. El mundo y la pobreza creciente, la desigualdad y violaciones de los derechos humanos, los cambios económicos están afectando diferentes personas de diferentes maneras.
Aunque todas las mujeres son de cierto tipo sufren discriminación de género, pero también hay otros factores, como la raza y el color de la piel, la casta, la edad, la raza, el idioma, ascendencia, orientación sexual, religión, clase socioeconómica, capacidad, cultura, condición de inmigrante, aborigen, refugiado, que por estas causas son también son discriminadas. Por lo cual, la interseccionalidad es una herramienta analítica para estudiar, entender y responder a las maneras en que el género se cruza con otras identidades y cómo estos cruces contribuyen a experiencias únicas de opresión y privilegio[6]Derechos de las mujeres y cambio económico No. 9, agosto 2004.. Se trata, por tanto, de una metodología indispensable para el trabajo en los campos del desarrollo y los derechos humanos.
La transversalidad es una teoría feminista, una metodología para la investigación que comienza con la premisa de que la gente vive identidades múltiples, formadas por varias capas, que se derivan de las relaciones sociales, la historia y la operación de las estructuras del poder. Las personas pertenecen a más de una comunidad a la vez y pueden experimentar opresiones y privilegios de manera simultánea. El análisis interseccional tiene como objetivo revelar las variadas identidades, exponer los diferentes tipos de discriminación y desventaja que se dan como consecuencia de la combinación de identidades.
Combatir la pobreza no es solo una lucha económica. Fomentar la sostenibilidad requiere muchos cambios en aspectos ideológicos y culturales. La complejidad de los desafíos demanda generar matices, fomentar el activismo en búsqueda continua de la igualdad y la justicia. El ecofeminismo[7]Según Mary Mellor, profesora inglesa de sociología y presidenta del Instituto de Investigación de Ciudades Sostenibles, en su libro “Feminismo y ecología” comparte que “el ecofeminismo ve … Leer + es una respuesta valiosa a esta situación ya que reconoce la interconexión entre la opresión de las mujeres y la degradación ambiental causada por la estructura de poder capitalista impulsada por hombres. Este término se originó como una combinación de movimientos de mujeres y ambientalistas basados en una relación similar con la opresión.
La estructura de la organización ha resultado en un mundo binario que separa al hombre de la mujer y al hombre de la naturaleza; lo que a su vez da como resultado un mundo donde las mujeres han sido sometidas y la naturaleza utilizada a la conveniencia del hombre. Por lo tanto, las mujeres y el medio ambiente están sustancialmente entrelazados y para resolver el cambio climático depende, en gran medida, de garantizar soluciones feministas en el aspecto social, económico y político.
Además de lo mencionado anteriormente, es para destacar que los efectos del cambio climático y la degradación ambiental también tienen un impacto directo en la salud de las mujeres, especialmente en las comunidades más vulnerables. Por ejemplo, la exposición al aire contaminado puede aumentar el riesgo de que una mujer desarrolle enfermedades pulmonares y cardíacas, y la falta de agua potable limpia y un saneamiento inadecuado pueden aumentar el riesgo de enfermedades. La ONU Mujeres, también explica cómo el cambio climático y los desastres medioambientales desencadenan acciones violentas hacia las mujeres especialmente en las comunidades rurales, indígenas y afrodescendientes. Por ello, es importante seguir trabajando en la sensibilización y educación acerca de estas cuestiones, para poder construir un movimiento más inclusivo y verdaderamente transformador.
Desafíos
Proponemos un reto de autorreflexión continua sobre nuestro lugar, nuestras capacidades y nuestros derechos, al tiempo que consideramos cómo podemos contribuir a nuestro hogar común, nuestro planeta y nuestro medio ambiente. Sin embargo, esto se convierte en un reto cuando no nos vemos como iguales. Por lo tanto, es crucial incorporar las preocupaciones medioambientales a través de una lente de género en la Administración Pública.
Este enfoque requiere que nos centremos en las dinámicas sociales, las desigualdades y las diferencias que afectan a nuestras comunidades y que desarrollemos soluciones innovadoras que impliquen las contribuciones de todos. Debe ser un esfuerzo colectivo, no unilateral.
Este tipo de distinciones difícilmente se puedan identificar mediante un análisis normativo, aunque sea lo más preciso y detallado, dado que el verdadero contenido del derecho a un ambiente sano se configura en el territorio, en la cotidianeidad de las personas que lo habitan [8]En relación a Educación Ambiental, el Principio 19 señala: “Es indispensable una educación en valores ambientales, dirigida tanto a las generaciones jóvenes como a los adultos, y que preste la … Leer +. Lo que implica un análisis retomando nuevamente el concepto de interseccionalidad, construyendo un derecho a un ambiente sano para todes.
De alguna forma, cuidar el medio ambiente trae beneficios positivos para las mujeres. Incluso al apoyar estas iniciativas como el consumo de productos orgánicos apoyan también a otras mujeres, algunas de ellas madres cabezas de hogar.
Bibliografía
– Berros, María Valeria. Depende del lente con que se mire: derecho a un ambiente sano en Argentina. Edunpaz. 2019; 467–489.
– Ramírez, Silvina. Derechos de los Pueblos Indígenas: Protección Normativa, Reconocimiento Constitucional y Decisiones Judiciales.
– Ecofeminismo: qué es, ejemplos y autoras
– Ecofeminismo: poniendo el cuidado en el centro
– Las mujeres y la tierra son oprimidas de la misma forma
– https://news.un.org/es/interview/2022/03/1505112
Referencias
| 1 | ↑ | Puleo, Alicia. Ecofeminismo para otro mundo posible. Cátedra. 2011. |
|---|---|---|
| 2 | ↑ | Acuñó el término en 1974, la escritora francesa Françoise d’Eaubonne. |
| 3 | ↑ | Yolanda Ortíz (1926–2019) nació en la Provincia de Tucumán. Estudió Química en la Universidad de Buenos Aires y continuó su formación en Francia y Estados Unidos, especializándose en áreas como la contaminación y toxicología industrial. |
| 4 | ↑ | Shiva, Vandana y Mies, María. Ecofeminismo. Teoría, crítica y perspectivas. Econautas. 2013. |
| 5 | ↑ | INADI. “Hacia un Plan Nacional contra la Discriminación”. Boletín Oficial de la República Argentina, 2008. |
| 6 | ↑ | Derechos de las mujeres y cambio económico No. 9, agosto 2004. |
| 7 | ↑ | Según Mary Mellor, profesora inglesa de sociología y presidenta del Instituto de Investigación de Ciudades Sostenibles, en su libro “Feminismo y ecología” comparte que “el ecofeminismo ve una conexión histórica, política y cultural entre: la explotación y la degradación del medio ambiente (por el hombre y para el beneficio del hombre) y la subordinación y la opresión a las mujeres (también para el hombre y para el beneficio del hombre)”. |
| 8 | ↑ | En relación a Educación Ambiental, el Principio 19 señala: “Es indispensable una educación en valores ambientales, dirigida tanto a las generaciones jóvenes como a los adultos, y que preste la debida atención al sector de la población menos privilegiada, para ensanchar las bases de una opinión pública bien informada y de una conducta de los individuos, de las empresas y de las colectividades, inspirada en el sentido de su responsabilidad en cuanto a la protección y mejoramiento del medio en toda su dimensión humana. Es también, esencial que los medios de comunicación de masas eviten contribuir al deterioro del medio humano y difundan, por el contrario, información de carácter educativo sobre la necesidad de protegerlo y mejorarlo, a fin de que el hombre pueda desarrollarse en todos los aspectos”. |